Venezolanos en España: la realidad que no cabe en etiquetas

Leí el artículo de Antonio Maestre en el que habla de la “gusanera fascista venezolana” en España y, después de tragarme la indignación, me quedó una idea muy sencilla: quien escribe algo así no se ha detenido a mirar de verdad a su alrededor. No es que esté “interpretando” la realidad: es que la está mirando desde un pantano mental, intoxicado de prejuicios.

Venezolanos en Madrid trabajando en distintos sectores: médicos, profesionales, camareros, técnicos y obreros integrados en la vida cotidiana de España.
Venezolanos en España: profesionales, trabajadores y vecinos que forman parte de la vida diaria en España.

Los venezolanos en España no somos un bloque ideológico, ni una consigna, ni un eslogan. Somos personas, y estamos en todas partes.

Los venezolanos en España, estamos en lo cotidiano

Estamos en lo cotidiano. En lo que casi no se piensa. En lo que se da por hecho.

Estamos cuando bajas a comprar pan o cuando pides comida a domicilio y suena el timbre. Cuando se estropea una tubería y alguien entra en tu casa a arreglarla. Cuando te instalan la fibra. Cuando llevas el coche al taller. Cuando dejas un encargo. Cuando preguntas una dirección. Cuando te sientas a esperar un trámite y alguien te llama por tu nombre.

También estamos en lo profesional y en lo público

Estamos cuando vas al centro de salud, a urgencias o al especialista, tanto en lo público como en lo privado. Cuando te toman la tensión, cuando te explican un resultado, cuando te tranquilizan. Puedes encontrarte con un venezolano cuando necesitas un abogado de oficio.

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O puede ser venezolano el empleado —o el dueño— de la gestoría que te lleva las cuentas.

Estamos cuando te sirven un café, cuando te cortan el pelo, cuando cuidan a un familiar mayor o recogen a tu hijo del colegio. Cuando haces la compra. Cuando alguien te ayuda con un formulario. Cuando hay alguien al otro lado del teléfono que te resuelve un problema que no sabías ni por dónde empezar.

Y sí: también puede ser venezolano quien, detrás de un mostrador o de una pantalla, decide si te aprueban o no ese préstamo que estás pidiendo al banco.

La parte más evidente: muchas veces ni lo sabes

Muchas veces ni lo sabes. Porque el repartidor puede ser venezolano. La enfermera. El médico. El mecánico. El profesor. El periodista que trabaja en un medio. El programador con el que cruzas correos. El camarero (o el dueño) del bar de la esquina. La dependienta del supermercado. El técnico que sube a tu casa. El dueño de la tienda que acaba de abrir en el barrio, tu nuevo vecino. El conductor del Uber o del Cabify que te lleva de vuelta a casa cuando se te hizo tarde.

Madrid real: convivencia sin fronteras rígidas

Estamos tan mezclados en la vida diaria de esta ciudad que resulta imposible trazar una frontera limpia entre “españoles” y “venezolanos”. Primero, porque muchos venezolanos ya éramos españoles antes de pisar Barajas; y segundo, porque en esa misma vida cotidiana hay venezolanos que también son italianos, portugueses, alemanes, polacos, franceses… La realidad no cabe en una etiqueta.

Precisamente por eso, cuando se lanza una descalificación colectiva, no se lanza al vacío: cae sobre personas concretas. Personas reales. Personas que están ahí, alrededor, formando parte de la misma normalidad.

Personas que, de un modo u otro, se cruzan cada día contigo. Que saben leer. Que escuchan. Que también forman opinión. No como bloque ni como consigna, sino como lo que son: ciudadanos, vecinos, profesionales, gente corriente.

Muchos de ellos, probablemente, ya te han atendido. Sin que lo sepas. Sin que importe. Como debería ser.

Cuando el insulto pretende explicar a miles de personas

Llamar “caterva de parásitos” a una comunidad tan profundamente integrada en la vida cotidiana de este país no solo es injusto: es profundamente irreal. España no tiene “venezolanos de un tipo”. Tiene venezolanos de todos los tipos. De izquierdas, de derechas, de centro, apolíticos, cansados, ilusionados,
rotos, agradecidos, críticos, discretos, brillantes, anónimos. Como cualquier colectivo humano.

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Reducir a cientos de miles de personas a un insulto político no describe la realidad: la empobrece.

La realidad es esta

Porque la realidad es esta: los venezolanos ya forman parte del paisaje humano de Madrid y de España. No como consigna, sino como vecinos. Como compañeros.

Como profesionales. Como gente que madruga, trabaja, cría hijos, estudia, monta negocios, se equivoca, acierta y sigue.

No somos una etiqueta. No somos un bloque. No somos un enemigo imaginario.

Somos parte de la ciudad, y también de la vida diaria de muchísima gente, incluso de quienes escriben sobre nosotros sin mirarnos a los ojos.

Sólo basta con salir a la calle para comprobarlo.

Recuerda, mi nombre es Enrique Vásquez y soy abogado de extranjería estudiado y colegiado en España, para información migratoria escríbenos a www.yoemigro.com/contactanos.

En nuestro despacho también ofrecemos seguros de salud, decesos, vida y mascotas. Escríbenos a www.yoemigro.com/contactanos.

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