Encerrados en casa, día 34: No dejemos que la política nos quite la paz interior

Es el día 34 del confinamiento en Madrid y día 33 en el resto de España. La cosa está complicada, la cantidad de muertes sigue aumentando por cientos cada día.

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La situación política del país está color de hormiga, pues pareciera que el gobierno quiere implantar, lo antes posible, un estado social-comunista al mismo estilo del chavismo.

Se amparan en la situación del estado de alarma y de la emergencia sanitaria para hacer cosas que, en una democracia avanzada como la española, parecerían imposibles de lograr.

De hecho, escribí un artículo hablando de eso, pero luego caí en cuenta de algo: el entorno geopolítico actual de España es muy distinto al que tenía Venezuela cuando el chavismo al poder y, por ahora, sigo teniendo fe y confianza en las instituciones españolas, europeas y en los partidos de la oposición.

Por ahora todo se ve muy negro. Sin embargo, hay que dejar que corra un poco de agua bajo el puente. No debemos apresurarnos a entrar en pánico, ya que todo va demasiado rápido y a veces nos dejamos llevar por los impulsos.

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Por eso, he decidido reescribir este post. En la primera versión me dejé llevar por los fantasmas del pasado y, por un momento, me sentí en la Venezuela de 2002, en la que todo parecía terrible… Y por dejarnos llevar por las emociones y la locura temporal debido al “malvado régimen”, cometimos errores terribles que terminaron consolidando la dictadura en nuestro país.

Aunque muchos piensen lo contrario, yo creo que, hasta antes del paro petrolero; aún teníamos oportunidad de salir de Chávez. Después de ese hecho histórico, pasó a ser algo “imposible”. Hasta febrero de 2003, cuando impuso el control de cambio y tomó el poder absoluto en PDVSA, Chávez era derrotable por vías constitucionales, luego de ese momento, nunca más tuvimos oportunidad alguna.

Lo primero que debemos hacer aquí en España es aguantar el estado de alarma, seguir nuestra vida en paz, tranquilidad y continuar con nuestra rutina de la sala a la cocina, de la cocina al cuarto, del cuarto a la sala de nuevo, de allí a la terraza, ver que está lloviendo y meternos de nuevo, pasar por el baño (porque son ya las 15:00, la hora en que “el cuerpo” hace su llamado). Luego, ver un rato el Facebook y reírse con las oraciones y cosas que comparten las abuelas, de ahí pasar por Twitter, estresarse porque parece que el mundo se acabará en media hora, luego a Tik Tok a ver los bailes y chistes (para bajar la presión por el estrés que produce Twitter), seguidamente a Instagram a ver un mundo de colorines en el que todo es perfecto, y volver a empezar.

En realidad mi rutina es un poco diferente a esa, también me siento en el ordenador, reviso los grupos de Facebook, autorizo posts de la gente, borro los 150 spammers que ofrecen préstamos al 2% desde 50.000 hasta 2 millones de euros sin requisitos y de inmediato, borro los 1500 posts de personas que te ofrecen trabajo desde tu casa y ganancias residuales con un negocio novedoso en el que no tienes que vender nada, sino simplemente invitar a 10 amigos a que hagan lo mismo que tú, a los que venden Herbalife, Amway, Essens y a los que te quieren enseñar a invertir en la bolsa, pero debes pagarles un curso de 1000 euros.

Después me siento a escribir este post, otras veces grabo un vídeo y me toma toda la tarde editarlo, o si no, ayudar a María José a montar las imágenes para su podcast, que por cierto, los invito a verlo acá, que está muy bueno y a suscribirse a su canal de YouTube. Luego veo que se acerca rápidamente la hora de mi Live de YouTube (que es a las 23:00, pero Dios, qué rápido llega la hora, nunca me da tiempo de terminar todo antes de que comience), al terminar el Live, sigo editando videos o si no, nos sentamos a ver tele un rato, lo más seguro alguna serie.

Luego sentarme nuevamente en el teléfono, como hasta las 6 de la mañana a ver Twitter, para acostarme, pararme a las 2 de la tarde, pesarme, ver que cada día tengo 300 gramos más que el anterior, luego ponernos a pensar qué vamos a desayunar, y así sucesivamente.

Claro, todo esto sin contar las horas que pasamos Marijo y yo pensando qué comeremos a la hora de la comida (almuerzo), o sea, a las 18:00 y qué cenaremos a las 00:30, y sin contar el snack de las 4 de la mañana.

En fin, lo más importante es ceñirse a una rutina, porque si no, enloqueceremos. Y a menos que seas político o periodista especializado en esa fuente, lo mejor es no volverse loco con el tema, porque ya en Venezuela me pasó y fueron años muy chungos deprimiéndome por la situación del país mientras otros, con un poco menos de corazón que yo, se olvidaron de ese tema y se dedicaron a vivir su vida más allá de las locuras políticas.

Creo que en España estamos más blindados de lo que estábamos en Venezuela. Espero y deseo que sea así, aunque obviamente no podemos ni debemos descuidar el tema, tampoco es bueno obsesionarnos. Por eso subo este artículo y no el que había escrito inicialmente. Quizás algún día lo publique, quizás no.