Cuando comencé con mi emprendimiento de asesorías migratorias, varios conocidos me dijeron lo mismo con distintas palabras: que me iba a arrepentir, que los impuestos me iban a ahogar, que la burocracia española era un laberinto sin salida, que el mercado era pequeño, que aquí la gente no pagaba bien los servicios, que en fin, que por qué me complicaba la vida cuando podía trabajar para otra persona y dormir tranquilo.

Escuché. Tomé nota. Y lo hice igual.
Hoy, con años de experiencia encima, con haber pasado de asesor a abogado y de autónomo a empresario y habiendo acompañado a cientos de personas en sus procesos migratorios, puedo decir con conocimiento de causa que emprender en España tiene mala fama entre los que nunca lo han intentado y una reputación completamente distinta entre los que sí. El que lo ha vivido sabe que es duro, sí. Pero también sabe que lo que construyes aquí, lo construyes de verdad. Y eso, para quien viene de donde yo vengo, no es un detalle menor.
Construir sobre arena versus construir sobre roca
Hay una conversación que se tiene poco en los grupos de venezolanos en España, y que vale más que todas las quejas sobre los impuestos juntas. Es la de lo que significa emprender en un país donde las reglas están escritas.
Donde los contratos se cumplen. Donde existe un sistema judicial al que puedes acudir si alguien te falla. Donde la inflación no te come el negocio de un mes para otro. Donde nadie va a cambiar las reglas del juego a mitad de la partida porque así le conviene al gobierno de turno.
Para alguien que viene de Venezuela, eso no es una descripción abstracta del Estado de Derecho. Es la diferencia entre construir sobre arena y construir sobre roca. Allá emprendías sabiendo que cualquier mañana podía aparecer una regulación nueva, una expropiación, un control de cambio, una escasez de insumos o un apagón de tres días que te mataba el negocio. Aquí el escenario más difícil sigue siendo predecible. Y la predictibilidad, aunque suene aburrida, es el ingrediente más valioso que puede tener un emprendedor.
Cuando yo estructuré mi despacho, pude proyectar a doce meses con cierta base. No con certeza absoluta, porque eso no existe en ningún negocio del mundo. Pero con una base. Sabía qué impuestos iba a pagar y cuándo. Sabía que si firmaba un contrato de arrendamiento, ese contrato se iba a cumplir. Sabía que si formalizaba una sociedad, esa figura iba a seguir existiendo al año siguiente bajo las mismas condiciones. En Venezuela, ninguna de esas frases tiene garantía.
El activo que no sabes que tienes y el error que no sabes que cometes
Hay algo que muchos venezolanos aprenden tarde, y a veces de la manera difícil: el empirismo que funcionaba allá aquí no alcanza.
En Venezuela aprendimos a resolver. A improvisar. A saltarnos el paso que no había forma de dar porque el sistema no funcionaba o porque las colas eran de tres días o porque sencillamente no había otra opción. Esa creatividad, esa capacidad de adaptación, ese músculo que desarrollamos en medio del caos, es un activo enorme. No lo subestimes. En serio. La capacidad de un venezolano para encontrar soluciones donde otros solo ven problemas es real, y en el mercado español puede ser una ventaja competitiva significativa.
Pero ese mismo instinto, aplicado sin filtro, genera un problema específico en España: la tendencia a saltarse las formas. A improvisar donde hay que respetar un procedimiento. A buscar el atajo donde la norma exige el camino largo. Y aquí el camino largo no es opcional, es el único que funciona sin consecuencias.
En España hay que entender el marco fiscal. Las obligaciones laborales. Los tiempos administrativos, que sí, son lentos, pero son los que son. Las formas correctas de facturar y de contratar. No porque el sistema sea perfecto, sino porque funciona dentro de sus propias reglas, y el que no las aprende tropieza con ellas una y otra vez sin entender por qué le pasan las mismas cosas. Conozco casos de venezolanos con ideas brillantes y mucha energía que se estrellaron no por el mercado ni por la competencia, sino por no haber dedicado tiempo a entender el entorno regulatorio en el que operaban.
La libertad que da conocer las reglas es mayor que la libertad que da ignorarlas. Eso también es algo que uno aprende.
Ese argumento que escucho y que no me convence
Hay una frase que circula en ciertos grupos de venezolanos en España, y que merece una respuesta honesta y directa: que en Venezuela sí se podía emprender y aquí no.
Entiendo de dónde viene. Hay gente que tenía negocios en Venezuela, que sabía moverse en ese entorno, que tenía sus contactos, su reputación, su red construida durante años, y que llegó aquí y tuvo que empezar desde cero en un mercado que no conoce, con reglas distintas, sin red de apoyo y ya con cuarenta y tantos años encima. Eso es duro. Lo entiendo y lo respeto.
Pero la conclusión que sacan de esa experiencia no es correcta.
En todos los países del mundo hay emprendimientos que triunfan y emprendimientos que fracasan. En España hay miles de negocios que llevan décadas funcionando y generando riqueza. Muchos de ellos creados por inmigrantes, incluyendo venezolanos. En Venezuela había negocios exitosos antes de que el chavismo los destruyera sistemáticamente. El problema nunca fue la geografía. El problema, en la mayoría de los casos, es no haberse adaptado al mercado donde uno está. No entender al cliente local. No estudiar la competencia. No gestionar bien las finanzas. No profesionalizar la operación cuando toca hacerlo.
Eso falla igual en Madrid que en Caracas. Culpar al país es más cómodo que revisar el modelo de negocio. Pero más cómodo no significa más útil.
Lo que nadie menciona cuando habla de emprender aquí
España tiene algo que no se menciona suficiente en estas conversaciones: es la puerta de entrada a un mercado de más de 600 millones de hispanohablantes.
Desde aquí se puede construir un negocio con proyección continental. Con acceso a Europa y a América Latina al mismo tiempo. Con una infraestructura digital, logística y financiera que en otros lugares costaría el doble desarrollar. Con el euro como moneda, lo que da estabilidad y credibilidad en cualquier transacción internacional. Con tratados de libre comercio, con banca sólida, con el peso histórico y cultural que tiene España en el mundo de habla española.
Yo lo he visto en mi propio despacho. Buena parte del trabajo que hacemos en YoEmigro Abogados tiene una dimensión que va más allá de España. Clientes en distintos países, casos con ramificaciones en varios sistemas legales, consultas que llegan desde América porque hay alguien en España de por medio. La posición geográfica y cultural de España no es un accidente. Es una ventaja estratégica que muchos emprendedores nativos no saben aprovechar tan bien como alguien que viene de afuera y lo ve con claridad desde el primer día.
Lo que se construye aquí, se construye de verdad
No voy a decirte que emprender en España es fácil. No lo es. Los impuestos pesan. La burocracia desespera. Los primeros meses de cualquier negocio nuevo son un ejercicio constante de resistencia y de ajuste. Y hay sectores donde la competencia está muy establecida y entrar es difícil.
Pero lo que construyes aquí, lo construyes sobre algo sólido. Tu marca, tu reputación, tu cartera de clientes, tu estructura legal: todo eso existe dentro de un marco que lo protege. Nadie va a venir a quitártelo con un decreto. Nadie va a expropiar lo que has levantado con años de trabajo porque al gobierno le venga bien. Nadie va a devaluar tu moneda de un día para otro y convertir tu esfuerzo en papel mojado.
Para quien sabe lo que es emprender en medio del caos, en medio de la incertidumbre permanente, en medio de un sistema que te ponía trabas en lugar de facilitarte el camino, España no es el país donde no se puede emprender. España es exactamente el tipo de escenario en el que el que sabe trabajar duro y adaptarse puede construir algo que dure.
Y eso, viniendo de donde vengo, es exactamente el tipo de desafío que vale la pena aceptar.
Recuerda, mi nombre es Enrique Vásquez y soy abogado de extranjería estudiado y colegiado en España, para información migratoria escríbenos a www.yoemigro.com/contactanos.
En nuestro despacho también ofrecemos seguros de salud, decesos, vida y mascotas. Escríbenos a www.yoemigro.com/seguros.
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