Cumplo seis meses en Madrid en plena ola de frío polar

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Esta semana cumplí seis meses viviendo en la Villa y Corte. Cuando hago retrospección da me la impresión de que ha transcurrido muchísimo más tiempo; pues la dinámica ha sido de tal magnitud que mi esposa y yo atesoramos muchísimo los pocos ratos libres que tenemos.

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En estos días me puse a ordenar los diplomas de cursos que he realizado y caí en cuenta que en sólo seis meses en Madrid he hecho más cursos que todos los que hice en Venezuela, y lo más interesante es que aquí todos fueron gratuitos y de altísima calidad.

Además, me han servido para conocer mejor la dinámica empresarial, emprendedora y fiscal de Madrid, y de España. También me han permitido hacer networking, o sea, conocer gente; lo que se traduce en contactos personales con los que en un futuro podría hacer negocios o alianzas de algún tipo.



Han pasado seis meses y cada vez estoy más convencido de que, definitivamente, hay que ir poco a poco. Si tu intención es emprender, bajo ningún concepto debes llegar a invertir sin conocer. Primero es necesario entender el entorno, saber cómo funcionan, cómo piensan y cuáles son las normas, escritas y no escritas de como es el proceso de emprendimiento en Madrid.

Otra de las cosas que, para alguien como yo, que vengo del Caribe, son increíbles; es el tema de las estaciones. En estos seis meses me ha tocado vivir en toda su intensidad el verano, el otoño y ahora la primera parte del invierno (incluyendo una ola polar de frío que ha azotado a toda la península ibérica).

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Vivir con calor es algo a lo que, de alguna forma, estoy acostumbrado ya que en Puerto La Cruz la temperatura casi siempre es superior a los 25 grados. Pero vivir con frío, a temperaturas que están alrededor de los 0 grados, es algo completamente nuevo para mí. Definitivamente es un cambio el hecho de que todo, absolutamente todo, pareciera recién sacado de la nevera; o que el agua del grifo en ocasiones esté más fría que la del refrigerador. Es una locura.

Hay cosas más allá de que cuando te toca sentarte en la poceta (W.C.) piensas que lo estás haciendo sobre una panela de hielo. Por ejemplo, haber descubierto que tener una laptop de metal no fue buena idea; que ponerte el reloj te congela por momentos la muñeca o que incluso, a veces, el marco de metal del teléfono hace que utilizarlo sea una dura tarea.

Otra anécdota curiosa es tener que usar guantes de invierno para colgar la ropa porque, con lo fría que sale de la lavadora, se te engarruñan las manos si la sacas a “rin pelao”… Y ni hablar de usar el mouse del ordenador a primera hora del día, pues es un trozo de plástico que te hiela la mano.

La verdad es que el frío es algo a lo que uno se puede acostumbrar, pero en tu primer invierno es duro porque, además, quizás sea precisamente por no haberlo vivido nunca; sientes hambre a toda hora y no precisamente de ensaladas o cosas light. Para nada. Lo que te apetece es comer cosas calóricas, churros con chocolate, lentejas con chorizo, cocido madrileño, pasta con carne, nutella y pan, mucho pan, lo que, obviamente, ha colaborado un poco con que ahora la ropa se sienta un poco más pequeña que antes y es que, bueno, cuando la comida es tan buena como aquí, comer es un verdadero placer.

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Otra de las cosas que cuesta acostumbrarse cuando estás en invierno, es el ropero que tienes que cargar contigo, guantes, gorro, chaqueta, que al principio parece que no fastidian, pero el hecho de estar en la calle congelándote con todo puesto, entrar a algún sitio donde la calefacción está a toda velocidad, tener que quitártelos y al salir volver a ponértelos y eso un millón de veces, mientras no te acostumbras es muy fastidioso, pero eso sí, luego que te acostumbras, sigue siendo fastidioso jeje.

Con respecto a eso, lo más importante es que siempre debes ponerte chaqueta, guantes, gorro y demás elementos anti frío antes de salir del sitio donde estás con calefacción, porque si esperas a estar en la calle para ponértelos, ufff, es horrible.

De todos modos, igual, por estas fechas, lo más común es que tengas que prender la calefacción en casa y, si te ocurre como a mí, que es eléctrica, prepárate para que el recibo de luz haga estragos en la economía familiar, porque aquí el mercado eléctrico es libre (en teoría, porque parece más un oligopolio que otra cosa), pues, en estos días de alta demanda y problemas de generación, el costo de la electricidad ha aumentado un 30% en tan sólo una semana.

En resumen, estos seis meses aquí han sido una experiencia increíble. Madrid es una ciudad que puede tragarte, masticarte y escupirte; pero si aprendes a surfearla y te integras con actitud positiva, te hará sentir a plenitud y muy a gusto. Por lo que he visto hasta ahora, en Madrid es posible ser feliz y lograr los sueños, por lo pronto, seguiré luchando por ellos y les iré contando.

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