Encerrados en casa, día 33: Sobrevive el que mejor se adapta, no el más fuerte

Día 33 de encierro. Más allá de las noticias y cifras del día, que ya ni vale la pena comentarlas.

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Ya es un hecho que el mundo cambió y que en el futuro nada volverá a ser igual. Por ejemplo, entre las noticias que he visto hoy, hay un par que me han hecho reflexionar.

La primera es que China espera que haya un nuevo brote de coronavirus en otoño y la segunda es que científicos predicen que al menos hasta 2022 estaremos en este nuevo sistema de distanciamiento social, creado a raíz de la aparición de este ultra contagioso virus.

Quiero usar una analogía, un poco fuerte quizás, pero creo que ilustrará muy bien lo que me gustaría explicar, respecto a la importancia de la adaptación y de reducir al máximo posible la resistencia al cambio que tenemos los humanos de forma natural.

Imaginen por un momento que ustedes son una persona completamente normal, totalmente funcional, que sale a correr todas las tardes, sin enfermedades de ningún tipo, quizás más allá de un poco de miopía o de obesidad; pero resulta que un agosto, se van de vacaciones para Valencia en el coche con su familia, por la vía tienen un accidente terrible y quedas inmovilizado de la cintura para abajo, por lo que te toca vivir el resto de tu vida en silla de ruedas.

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Tras ese infortunio, tu vida cambiará para siempre y por completo, al menos en lo respecta a autonomía, movilidad y por supuesto a tu gusto por el running. Todas esas cosas serán diferentes, deberás adaptar tu casa y coche a tu nueva movilidad reducida, si vives en un edificio sin ascensor y antes subías deportivamente las escaleras brincando los escalones de dos en dos y a veces hasta de tres en tres; pues, ahora tienes un gran problema, porque ni siquiera podrás subirlas por ti mismo. Tendrás que buscar la forma de mudarte o de lograr que pongan ascensor para poder llegar a casa.

En fin, la vida no será la misma y te tocará adaptarte; nadie ha dicho que será fácil. Todo lo contrario, imagino que debe ser un proceso sumamente traumático, tanto que requerirá mucha ayuda profesional para ello y no sólo en el aspecto físico, sino también psicológico.

Al final, tendrás dos opciones: La primera, no te adaptas, te aferras a la vida anterior que ya no tendrás y te sumes en una profunda depresión y terminas postrado en una cama lleno de drogas prescritas por el psiquiatra para tratarla, pero sin éxito.

O la segunda, aceptas que es una nueva realidad, que ya la vida que tenías no existe más y buscas, desde una actitud de proactividad, ser lo mejor que puedas ser en esta nueva realidad y vivirla con el mayor optimismo y felicidad posible, desde esa óptica particular que ahora tienes.

Ese ejemplo anterior, me parece que es el que mejor evidencia el cambio que experimentará el mundo de ahora en adelante, será un antes y un después tras una experiencia traumática para todos en el aspecto personal, familiar, social y económico.

Y sólo aquellos que se adapten mejor a la nueva realidad lograrán salir adelante en lo que algunos llaman el “nuevo orden mundial”, porque lo más seguro es que tendremos que hacer numerosos cambios en nuestras rutinas de vida, desde la forma como interactuamos con los demás, hasta cómo nos ganamos el pan de cada día.

Así que, tal como le digo a los venezolanos que emigran, que es insano mantenerse atados a Venezuela y que lo mejor es ver lo positivo del país al que se fueron, también le digo a todos los que me ven, que recuerden que estos confinamientos podrían ser más recurrentes de lo que creemos en el futuro y que la dinámica social cambiará por completo.

Claro, hay sociedades a las que esto les afectará más y, sinceramente, me parece que España será una de esas, porque aquí somos de tener un espacio personal mucho más estrecho que en otros países, pero por lo visto no quedará otra opción que hacerlo así.

Por ejemplo, en mi caso, al levantar el confinamiento lo más seguro es que no le daré los dos besos a nadie más, por lo menos durante este año y hasta que haya una vacuna contra este virus (y contra los que vendrán en el futuro).

Lo mismo en la oficina, lo más seguro es que más nunca atienda a más de una persona al mismo tiempo, y buscaré la manera de tener una distancia de seguridad un poco más grande dentro de ese miniespacio que es mi despacho.

Lo mismo ir al cine, teatro, conciertos y ya ni te cuento ir a Sol en diciembre (para esto probablemente pase un buen tiempo antes de ir). Al momento de viajar, pues, ya veré… porque eso de meterme en un avión con un gentío apretujados, puedo ir descartándolo, al menos temporalmente. Especialmente si vas en una fila de 3 o de 5. Todavía lo de ir en una fila de 2 asientos con María José a mi lado, pero los demás, alejados, por favor.

Considero que debemos hacer es internalizar este cambio, visualizarnos y prepararnos para el peor escenario de interacción social y así, si las cosas son mejores cuando se levante el estado de alarma y el confinamiento; nos encontraremos con un mundo más agradable y divertido del que esperábamos.

Como leí una vez hace muchos años: “espera lo menos que puedas esperar y siempre obtendrás más de lo que habías esperado”, quizás suene un poco pesimista, pero esta manera de ver las cosas hace que la vida sea mucho más agradable, pues recibes muchas menos decepciones de las que recibirías si siempre esperas lo mejor y terminas recibiendo menos.

De verdad les digo, esto pasará, pero lo que conseguiremos al salir no será lo mismo que había cuando nos tuvimos que meter en casa, se parecerá mucho, pero no será igual.

Y como todos los días de esta cuarentena, los invito a ver mi transmisión en YouTube en vivo por el canal Enrique en Vivo, y recuerden suscribirse.

Feliz día y nos leemos mañana.