Encerrados en casa, día 40: La Madrid que recuerdo (y que amo)

Llegamos al día 40. Ahora sí podemos decir, con toda certeza, que hemos cumplido la cuarentena, porque el nombre viene precisamente de los 40 días que tenías que pasar confinado a la espera de que desarrollaras (o no) los síntomas de la peste negra que azotó a Europa en el siglo XIV.

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Hoy han pasado muchas cosas. Se ha votado la extensión del estado de alarma hasta el 10 de mayo y Sánchez ha dicho que la vuelta a la nueva normalidad será a finales de ese mes, pero que aún no tiene idea de cómo va a ser. La verdad es que, en ese aspecto, quizás hasta le doy un poco la razón, porque es imposible saber cómo levantar este confinamiento mientras no haya una vacuna o un tratamiento que realmente funcione contra el virus.

Por cierto, en cada votación del Congreso para extender el estado de alarma, recibe menos apoyos. Si la última vez fueron Vox y la Cup quienes votaron en contra, hoy se le suman los diputados de JuntsxCat, quienes también han dicho No, con las abstenciones de ERC y Bildu, para un total de 269 votos a favor, 60 en contra y 16 abstenciones.

Aparte de eso, se hizo público un documento de contratación de la Dirección General del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), dependiente del Ministerio de Trabajo y Economía Social; en el que se afirma que “la previsión de las autoridades sanitarias es que en torno al 70% de la población se contagie en los próximos meses”.

Así que ya sabemos, al final, sólo uno de cada tres españoles se librará del contagio. Por lo que es buena idea estar preparados para ello.

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Por su parte, Fernando Simón ha dicho que “es cierto que se pueden ir progresivamente implementando medidas de alivio”, pero para ello harán falta tres condiciones: tener una capacidad asistencial a prueba de nuevos repuntes, garantizar unos sistemas de información que “permitan analizar la situación de la forma más rigurosa posible” y asegurar el “traspaso de responsabilidad” en las medidas de control.

Por lo que, el gobierno sabe lo que pasará y cómo pasará pero, como buen gobierno socialista (inepto e inútil), es incapaz de hablarle claro a la gente; por lo que nos tiene a todos sumidos en una situación incómoda y con una incertidumbre que no tiene sentido. ¿No es preferible hablar claro de una vez?

Pero bueno, como estamos en mi semana aniversario, bien merece la pena hablar de cosas positivas… Y hoy le toca el turno a la Madrid que recuerdo, a esa ciudad maravillosa que nos ha abierto sus puertas a todos los que venimos a vivir en ella.

Si quieres ver fotos de la Madrid que recuerdo, así como el video en vivo de hoy en mi canal de YouTube: “Enrique en Vivo” (suscríbete en este enlace), aquí tienes el video, lo transmitiré a las 23:00 hora de Madrid, pero queda grabado:

A Madrid la visité por primera vez en junio de 2014, tan solo un mes antes de irnos a vivir a Panamá. Estuvimos aquí sólo tres días, pero fueron suficientes para enamorarnos perdidamente de ella, de su gente, sus terrazas, la comida, el metro, incluso de la endemoniada y agitada paz que se respiraba en sus calles… y digo paz porque, aunque parezca una contradicción que una ciudad tan agitada y rápida como esta pueda transmitirme tranquilidad; la paz no significa lentitud, sino sosiego emocional y espiritual… Y eso es lo que Madrid me hace sentir.

La seguridad personal, la fiabilidad de su transporte público, el buen funcionamiento de sus servicios básicos, la amabilidad de su gente (cuando vienes desde Panamá, en Madrid todos te parecen amables), la cantidad de zonas verdes, sus terrazas, la comida, las oportunidades de emprendimiento y de negocios, así como el apoyo que recibes desde el Ayuntamiento y la Comunidad; hacen que esta ciudad sea para enamorarse.

Madrid también tiene un hermoso cielo, de un azul único, que quizás tenga mucho que ver con su carácter abierto y hospitalario. Muchas veces me lo han dicho: “Todo el que vive en Madrid, es madrileño” y eso ya dice mucho pues a un lugar lo hace grande su gente y, como la de Madrid, en pocas partes.

Hay quien dice que no le gusta Madrid porque no tiene playa, pero para mí ese es un punto positivo. La ausencia de grandes masas de agua alrededor le dan ese clima seco que tanto valoro (excepto en verano, porque nada es perfecto) pues, cuando has crecido en una ciudad a la orilla del mar, te das cuenta que el clima seco tiene lo suyo… Especialmente porque la piel siempre luce más limpia y no extrañas para nada ese tono “pastelito” (o sea, grasoso), que luce tan antiestético cuando debes ponerte frente a una cámara, sea de televisión o de un teléfono móvil.

También hay que reconocer las opciones gastronómicas, culturales, artísticas y tecnológicas que tienes en Madrid. Mas allá de hacerla una ciudad fría y distante, la convierten en todo lo contrario, porque Madrid es una metrópolis con alma de pueblo, donde es posible ver un coche de Google Street View por las calles, pasando junto a una doña que va conversando con la amiga sobre cómo ablandar los garbanzos rápidamente, mientras lleva una barra de pan bajo el brazo.

Por eso, y por muchas cosas más, amo Madrid. Mi plan es vivir en esta ciudad muchos, pero muchos, años. Ojalá el socialismo no me obligue a abandonarla, porque sería muy doloroso tener que irse de un sitio que consideras perfecto.