Encerrados en casa, día 56: Decálogo de la dictadura de la venezolanidad correcta

Llegamos al día 56 de cuarentena, que, visto lo visto, luego de las 19:00, parece cualquier cosa menos una situación en la que la gente tiene que estar confinada.

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Ayer me tocó salir al supermercado y pude evidenciar esa situación. Me sorprendió tanto ver las calles como si estuviéramos en pleno agosto caminando por el paseo marítimo de Benidorm, que ni pensé en sacar el teléfono para tomar fotos.

Hoy, más temprano, tuve que volver al supermercado (no por gusto, sino por necesidad) y pude comprobar que, si bien luego de las 19:00 la situación es de locura total; un par de horas antes tampoco es que podríamos decir que estamos encerrados en casa. Ya hay muchos negocios abiertos, aunque trabajando desde la puerta, y sí se evidencia una afluencia de personas mucho mayor que la que había hace tan solo dos semanas.

Tanto así que ya hoy se pudo apreciar un leve, pero significativo, repunte en las cifras de contagios en España, y no soy epidemiólogo ni médico ni nada por el estilo, pero lo más lógico es pensar que pronto tendremos un aumento considerable de casos porque lo que he visto es de terror.

Familias completas caminando sin mascarilla, gente cogida de manos, cayéndose a besos, grupos de cinco o seis chavales dentro de una tienda hablando y riéndose como si ya no fuese necesario tomar medidas de seguridad. Esto me recuerda una frase que repite María José por lo menos tres veces al día: “Hay gente que cree que como ellos están aburridos de estar encerrados en casa, el virus se aburrió también de contagiar”.

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Ya veremos a finales de mayo cómo evolucionará esto y más ahora, pues a partir del domingo llega otra borrasca a España y bajarán, considerablemente, las temperaturas.

Aunque no sé por qué tengo la sospecha de que el Gobierno está rezando (bueno, ellos son ateos, así que imagino que más bien estarán tratando de alinear sus chacras con el universo y con las piedras filosofales) para que se registre un repunte y así poder seguir extendiendo indefinidamente el Estado de Alarma y convertir su pseudo dictadura en la “nueva normalidad”.

Por cierto, ya está confirmado que el Gobierno no autorizó a Madrid el pase a la Fase 1 de la desescalada por lo que habrá que esperar al menos una semana más. Esto significa que las oficinas de la Administración Pública ya no abrirán el 25 de mayo, sino, por lo menos, una semana después.

En la misma línea, se conoció que, de forma oficial, el Gobierno tampoco espera abrir las fronteras antes de julio y Pedro Sánchez tiene planes de extender el estado de alarma al menos dos veces más. Así que tomen sus previsiones.

Pero ahora hablemos de la razón principal de este artículo de hoy, o sea, de esa corriente de pensamiento filosófico nacionalista que, en honor a las características propias de la forma de actuar de la “dictadura progre”, yo he decidido llamar “dictadura de la venezolanidad correcta”, o sea, que la podemos identificar por creer que tienen superioridad moral, y porque son intransigentes, sectarios, excluyentes y totalitarios.

En base a tantos años dando mi opinión y visión sobre lo que es Venezuela y recibiendo insultos, ataques, descalificaciones, odio y burlas, he decidido crear este “decálogo de la dictadura de la venezolanidad correcta”, para que cuando les toque a ustedes ser víctimas de un ataque de sus partidarios, logren identificarlos, así como saber si usted es uno de ellos, aunque crea que no.

Decálogo de la Dictadura de la Venezolanidad Correcta

De esto hablaré más extensamente y con ejemplos en mi programa de hoy en YouTube.com/EnriqueEnVivo  (suscríbete por favor).

1. Si usted nació en Venezuela, no puede amar a ningún otro país que no sea Venezuela, porque Venezuela es el único país digno de ser amado en el mundo y si ama (o si tan sólo le gusta) otro, merece la pena capital, pero primero hay que insultarlo y mandarlo a callar.

2. Los hijos de extranjeros que llegaron a Venezuela siendo niños (e incluso un poco más grandes) tienen una sola nacionalidad, la venezolana, y no pueden, bajo ningún concepto; sentir, creer o pensar en su otra nacionalidad, ni en su herencia cultural o familiar, porque son sólo venezolanos y nada más. La pena es la misma que la del punto 1.

3. Un venezolano amará, alabará y sólo se sentirá complacido en su paladar al comer arepas, cachitos, cachapas, empanadas, Diablito, Nucita, Cocosette, Samba, hallacas, pan de jamón y lo único que puede beber con placer es Polar, chicha, Frescolita, anís Cartujo o papelón con limón. Si considera que un plato de otro país es sabroso o dice que le gusta más, merece la pena capital, con el respectivo insulto previo y siempre acompañado de un “cállate” o similar.

4. Todos los venezolanos que emigraron deben, obligatoriamente, llorar cada noche abrazados a la bandera de Venezuela por el deseo de volver a su tierra. Se prohíbe terminantemente ser feliz en otro país y mucho menos pensar en la posibilidad de quedarse en otras latitudes por el resto de su vida. El que viole este precepto, perderá su nacionalidad y el derecho a opinar.

5. Los venezolanos que emigran a un país de habla castellana (especialmente España), tienen que mantener su acento venezolano original, puro, autóctono y bajo ningún concepto pueden usar y mucho menos aprenderse las palabras de ese sitio. Jamás le dirá banana a un cambur ni papaya a la lechosa y mucho menos maracuyá a la parchita. La pena es la prohibición de mencionar a Venezuela y la no renovación del pasaporte por un lapso de 10 años.

6. Cuando un venezolano que emigró vuelve a Venezuela, hay que caerle encima diciéndole que mejor se quede en “su otro país”, que en Venezuela ya no hace falta ni se le quiere y debe ser humillado por siempre.

7. Siempre debes repetir como un mantra, que el problema “no es Venezuela”, porque Venezuela es buena y los malos son sus gobernantes, que la tienen secuestrada. Absolutamente todos los venezolanos son una gente buena, trabajadora, honesta, incapaz de robar, de matraquear, de violar los derechos de los demás, de bachaquear o de saltarse la ley. El que no lo haga le cae la pena máxima de la dictadura de la venezolanidad correcta: Te mandamos a callar y te aplicamos la pena capital.

8. Siempre debes repetir que Venezuela es un país rico porque tiene petróleo y hace años tuvimos una moneda incluso más fuerte que el dólar. También somos el país más bendecido y con el mejor clima del mundo. Además, tenemos el Salto Ángel, los médanos de Coro, el pico Bolívar, las mujeres más bellas y las playas más hermosas del mundo. Por supuesto, si llegas a pensar lo contrario, mereces ser silenciado y por supuesto, la pena de costumbre.

9. La Venezuela de la Cuarta República era perfecta, nunca se iba la luz, nunca se iba el agua, no había inseguridad, no había escasez, nunca pusieron control de cambio, no había inflación, lo políticos no eran corruptos, la gente era feliz. Además, tuvimos más perspectivas de crecimiento que China, la moneda fue más fuerte que el dólar y parimos a Bolívar. Si afirmas lo contrario, en público o en privado, serás condenado a no mencionar más nunca a Venezuela y a quemar tu pasaporte venezolano en una vía pública.

10. Y por último, siempre debes repetir como un mantra que Venezuela es el mejor país del mundo y que Bolívar es un Dios del Olimpo. Si no lo piensas, te quitamos la nacionalidad, te cosemos la boca y te prohibimos la entrada, pero primero te aplicamos la pena capital.

Y nos vemos el lunes. Feliz fin de semana en confinamiento. Mientras tanto reflexiona si eres o no parte de la Dictadura de la Venezolanidad Correcta.