Esta mañana leí la noticia en El País de que no habrá más residencia humanitaria para venezolanos en España y me quedé un momento sin saber bien qué decir. Eso me pasa poco. Soy abogado de extranjería, llevo años explicándole a la gente cómo funciona el sistema, qué puertas existen, cuáles están abiertas, cuáles no. Pero cuando una puerta que has visto funcionar durante años se cierra oficialmente, algo se mueve por dentro aunque intentes mantener la cabeza fría.

En junio España pondrá fin a la vía humanitaria que desde 2018 ha permitido a cientos de miles de venezolanos tener residencia legal y poder obtener nacionalidad española de forma mucho más fácil que otras nacionalidades. No más permisos de residencia por razones humanitarias de manera sistemática para nosotros. A partir de ese momento, los venezolanos que lleguen a España y soliciten asilo entrarán en el mismo canal que cualquier otro extranjero. Sin tratamiento diferenciado. Por lo que a partir de este momento no recomendamos a los venezolanos pedir asilo.
Lo que esta vía significó en la práctica
Para entender lo que se cierra, hay que entender lo que existió. Desde 2018, un venezolano que llegaba a España y solicitaba asilo, al momento de negarles el asilo le daban una residencia humanitaria, con permiso de trabajo, prorrogable automáticamente cada año y que a los dos años le permitía solicitar la nacionalidad española.
El sistema procesó algo así como 240.000 autorizaciones de este tipo desde que se abrió esta puerta. En algunos años, los venezolanos concentraron el 95, el 98, a veces el 100 por ciento de todos los permisos humanitarios que España concedió. Las cifras rondaron las 40.000 concesiones anuales durante años, y en 2025 llegaron a las 50.000. Para muchas familias venezolanas en España, esta vía fue la diferencia entre tener papeles y no tenerlos.
Lo que empezó como una respuesta de emergencia ante el colapso venezolano terminó convirtiéndose en una arquitectura paralela dentro del sistema de asilo y de residencia español. Funcionó. También colapsó. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo.
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Por qué el Gobierno toma esta decisión ahora
Hay razones que el Gobierno menciona abiertamente y razones que están debajo de la superficie. En la superficie: la situación política en Venezuela ha cambiado desde el 3 de enero, cuando se inició un proceso de transición tutelado por Estados Unidos tras la captura de Maduro. El escenario que justificó el tratamiento excepcional ya no es exactamente el mismo. También está la adaptación al nuevo marco europeo de asilo, más restrictivo, que entra en vigor en junio de 2026.
Pero debajo de eso hay algo que el Ministerio del Interior lleva tiempo queriendo resolver: el sistema de asilo español se había convertido, en buena medida, en una vía de regularización encubierta principalmente para los venezolanos. El expediente de asilo era una puerta de entrada que abría tiempo, documentación provisional, acceso a ciertos servicios. El Gobierno lleva meses intentando cerrar ese grifo. Primero con el cambio del reglamento de extranjería en mayo de 2025, endureciendo las condiciones para regularizarse tras solicitar asilo, y ahora lo termina de cerrar con este cambio.
Cualquier abogado de extranjería que haya llevado casos en los últimos años sabe que el sistema estaba tensionado hasta el límite. Las citas para iniciar trámites eran una odisea. Los expedientes de asilo tardan años en dar respuesta. El colapso es una realidad cotidiana de decenas de miles de personas esperando una resolución.
Lo que esta decisión no es, y lo que sí es
El Gobierno defiende que es un cambio de forma, no de fondo. Que las razones humanitarias seguirán existiendo, que se tramitarán por otro cauce. Yo no estoy tan seguro, lo que sí creo es que los venezolanos ya no tendrán preferencias en España como venían teniendo desde hace ya ocho años. Las autorizaciones de residencia por razones humanitarias fuera del sistema de asilo están vinculadas históricamente a circunstancias muy concretas: situaciones médicas graves, fundamentalmente. No a la condición general de provenir de un país en crisis.
Lo que desaparece es el trato diferenciado. El reconocimiento implícito de que ser venezolano en 2018, en 2020, en 2023, implicaba algo específico que merecía una respuesta específica. Ese reconocimiento se retira. A partir de junio, un venezolano que llegue a España sin documentación y solicite asilo entrará en el mismo proceso que un ciudadano de cualquier otro país. O sea, el asilo definitivamente deja de ser una opción para los venezolanos al igual que dejó de serlo para colombianos, peruanos y el resto de nacionalidades.
La regularización extraordinaria como alternativa ideal
El contexto importa. Esta decisión llega en medio de la tramitación de la regularización extraordinaria que el Gobierno está preparando y que verá la luz a mediados de abril. Podrán acogerse quienes acrediten estar en España antes del 31 de diciembre de 2025, carecer de antecedentes penales relevantes, y haber permanecido en el país al menos cinco meses en el momento de la solicitud.
Para los venezolanos que ya están aquí, esta es la opción. Si cumples los requisitos, esta regularización puede ser tu camino, y tienes que conocerlo bien y preparar tu expediente con seriedad, reserva conmigo entrando a www.yoemigro.com/reg.
Pero para los que vienen, o para los que llegaron a partir del 1 de enero de 2026, que no podrán acceder a esa regularización, el escenario es distinto. El tratamiento excepcional desaparece así que quizás para ellos, la mejor opción, es esperar dos años en situación irregular (sin haber pedido asilo) por un arraigo.
Lo que siento como abogado, y como venezolano
Este año cumplo diez años en España. He acompañado a muchas familias venezolanas en procesos de regularización. He visto lo que significa tener papeles y lo que significa no tenerlos. La diferencia no es burocrática: es la diferencia entre poder vivir con cierta estabilidad o vivir con la angustia de la irregularidad.
Esta vía humanitaria, con todos sus problemas, con el colapso que generó, con las críticas legítimas que se le pueden hacer, fue para muchas familias venezolanas la razón por la que hoy tienen una vida construida en España. Tienen trabajo, incluso un gran porcentaje ya tiene nacionalidad española, ellos y sus familiares, ya forman parte del tejido de este país.
Que se cierre esa puerta me produce tristeza. No rabia, no indignación performativa. Tristeza. La tristeza de saber que el sistema que funcionó, aunque imperfectamente, para tanta gente, ya no estará disponible para los que vengan después.
España ha hecho algo extraordinario con los venezolanos en los últimos años. Cerca de 700.000 personas nacidas en Venezuela vivimos hoy en España. Más de 250.000 tenemos nacionalidad española. Solo en 2024, casi 35.000 venezolanos adquirieron la ciudadanía. Eso es real, y eso no cambia con esta decisión. Pero la puerta que permitió que muchos de ellos llegaran aquí con cierta seguridad jurídica, esa puerta se cierra.
Me quedé pensando en lo que significa eso para alguien que hoy mismo está tomando la decisión de emigrar. Para alguien que todavía está en Venezuela y tenía en la cabeza que España era una opción accesible. Para alguien que pensaba que el sistema lo iba a recibir con algo más que las reglas ordinarias.
A esa persona le digo: el camino existe, pero hay que conocerlo mejor que antes. Las opciones son más complejas. Los tiempos son más inciertos. Si tienes pensado venir, o si ya estás aquí y necesitas entender qué implica todo esto para tu situación, busca información seria. No te fíes de lo que te cuente alguien en un grupo de WhatsApp.
La puerta no está cerrada del todo. Pero ya no es la misma puerta.
Recuerda, mi nombre es Enrique Vásquez y soy abogado de extranjería estudiado y colegiado en España, para información migratoria escríbenos a www.yoemigro.com/contactanos.
En nuestro despacho también ofrecemos seguros de salud, decesos, vida y mascotas. Escríbenos a www.yoemigro.com/contactanos.
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