Encerrados en casa, día 39: Bienvenidos a la nueva realidad

Día 39 de confinamiento. Hoy, tras 21 días encerrado en casa, tomé la decisión de aventurarme a ese sitio extraño llamado calle. Hasta ahora la mayoría de nuestras compras habían sido online o, las pocas veces que tocaba salir, era María José la que bajaba. No porque yo se lo pidiera, sino porque ella se ofrecía de voluntaria.

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Pero antes de hablar de mi aventura fuera del sagrado refugio llamado “hogar”, quisiera hablarles de las últimas locuras del Gobierno de España, que cada día que pasa demuestra más el nivel de improvisación, falta de profesionalismo e ineptitud típicas de cuando la izquierda está en el poder, pero que ellos han llevado a un nuevo nivel. Creo que están aspirando (con muchas posibilidades) de destronar al gobierno de Venezuela como el peor de todo el hemisferio occidental.

Resulta que hoy, el inepto Gobierno social-comunista de España ha dicho que, a partir del próximo 27 de abril, los niños menores de 14 años podrán salir “a dar una vuelta” con alguno de sus padres o representantes. Pues, resulta que lo único posible era ir a hacer alguna de las actividades permitidas por el decreto de estado de alarma del 14 de marzo; o sea básicamente, ir al supermercado, a la farmacia y, aunque parezca insólito, al estanco.

El hecho es que medio mundo, con toda la razón, puso el grito en el cielo. Es decir, básicamente el Gobierno de España había decidido dejar que los niños fueran, precisamente, a los sitios en los que hay más posibilidades de contagio, y también más personas mayores.

En el caso del supermercado, si ya es un caos en estos momentos, porque por sus propias características no es un sitio diseñado para mantener distancias de seguridad; no me lo quiero ni imaginar lleno de niños corriendo de aquí para allá y pegándose de todo el mundo, porque bueno, seamos sinceros, son niños.

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Pues, cinco horas después de hacer el anuncio, dijeron que el ministro Illa aparecería para hacer otro anuncio y, en su comparecencia, aseguró que los niños sí podrían salir a “pasear”, aunque no dio detalles de cómo sería ese paseo; lo que evidencia que están dando tropiezos sin tener la más mínima idea de cómo gestionar una crisis tan dura como esta… qué vergüenza da tener un Gobierno como este; aunque mucha más vergüenza deben tener quienes votaron por ellos. Espero que abran los ojos y se den cuenta de que la izquierda no es más que ineptitud, hambre y miseria.

En fin, ahora sí les contaré el porqué del título de este post de hoy, que, por cierto, si lo quieren más explicado y con más detalles, pueden ver mi Live de YouTube suscribiéndose a mi canal de YouTube “Enrique en Vivo” o en el video que aparece a continuación:

Como dije al principio, hoy bajé a la farmacia y al supermercado. No salía de casa desde el 30 de marzo y, en aquel momento, las personas que veías estaban con cara de asustadas, como paranoicas. El “chino de confianza” cerca de la casa estaba “de vacaciones”, en la farmacia no había mascarillas ni geles o alcoholes de ningún tipo, la frutería había cerrado “por la salud de nuestro personal” y el supermercado había reducido su horario de trabajo hasta las 20:00, al tiempo que daba guantes plásticos y gel antibacterial al momento de entra y, adentro todo estaba medio vacío y faltaban muchos productos.

Hoy el panorama era completamente diferente. Todo el mundo parecía estar tranquilo, sin ojos de estrés (y digo ojos, porque la gran mayoría tenía mascarilla puesta) y te pasan por el lado sin importarles nada. En el supermercado se acabaron los guantes plásticos y ahora te dan una bolsa en la que debes meter la mano, siguen con gel y continúan las colas a la entrada.

Adentro hay de todo, absolutamente de todo. De hecho, había hasta productos que nunca había visto antes en ese supermercado como, por ejemplo, edulcorante de sucralosa, ya que aquí lo común es la sacarina o Stevia.

Ya la gente no parecía desesperada haciendo compras nerviosas. Los carritos de la compra se venían normales, las personas tranquilas por los pasillos (con su respectiva mascarilla, por supuesto), todos los empleados por lo visto ya adaptados también al nuevo accesorio en su cara y me enteré de que ahora trabajan hasta las 21:00, una hora más que hace un mes.

También vi que la frutería abrió sus puertas aunque con restricciones de entrada (máximo tres personas adentro y los demás haciendo su cola afuera). Pregunté el horario y es el mismo de siempre con la excepción de que los sábados cierran una hora antes.

Decidí aventurarme hasta el “chino de confianza” y, efectivamente, también está trabajando. No le pregunté el horario, pero seguramente sea el mismo que antes del estado de alarma. Por su parte, en la farmacia había mascarillas (a buen precio, por cierto), gel antibacterial y el horario acostumbrado.

Aunque sigue siendo extraño ver todos los bares y restaurantes cerrados. En ese caso aún no se me ocurre cómo será su reapertura, especialmente por el hecho de que es un poco complicado comer o beber con la mascarilla puesta, así que ni idea de los protocolos que se irán a usar. Pero ya veremos.

Al final, resulta que el mundo cambió y seguro que, por mucho tiempo, esta será nuestra nueva realidad. Así que vamos a irnos acostumbrando a las mascarillas y a mantenernos alejados de los demás, venga, como si fuéramos un hijo de un chino con una nórdica…

¿Lo entendieron no? O sea, chino porque allá en China todo el mundo usa mascarillas desde hace muchísimo tiempo; y nórdica porque en esos países la gente no es tan cercana a los demás como nosotros… Por eso´, chino con nórdica, aunque también puede ser china con nórdico, como ustedes prefieran… En fin, no sé ni por qué estoy explicando el chiste.

Bueno, a seguir adelante y ¡Que viva España Libre! (tenemos que ir acostumbrándonos a los lemas propios de una dictadura comunista, para estar preparados).