¿Y si Venezuela nunca se arregla? La pregunta que deberías hacerte antes de decidir quedarte

Quiero que hagan un ejercicio incómodo, pero honesto. Imaginen que pasan treinta, cuarenta, cincuenta años más. Imaginen que ya son viejitos, con el cuerpo cansado y los años encima. Y que Venezuela, después de todo ese tiempo, nunca se arregló. Que siguen apareciendo los mismos políticos de siempre, o sus herederos, diciendo exactamente lo mismo que decían hace medio siglo: que la solución está cerca, que ya casi, que este año sí, que hay que aguantar un poco más. Imaginen que están ahí, quizás pasando necesidades, quizás sin la pensión digna que trabajaron toda una vida por merecer, quizás enfermos y sin un sistema de salud que responda.

Y en ese momento, cerca ya del final del camino, háganse la pregunta más difícil de todas: ¿sentirían que hicieron lo correcto quedándose, o se arrepentirían de no haberse ido cuando todavía tenían fuerzas, tiempo y oportunidad?

No lo pregunto para asustar a nadie. Lo pregunto porque creo que hay decisiones que solo se ven con claridad cuando uno se proyecta hacia el final. Porque es muy fácil aguantar el presente diciéndose que las cosas van a mejorar, que hay que tener fe, que uno no puede abandonar su tierra. Pero la esperanza, cuando se apoya en promesas que llevan casi treinta años sin cumplirse, empieza a parecerse peligrosamente a la resignación. Y la resignación, a la larga, cobra un precio altísimo: el de una vida entera esperando algo que nunca llegó.

El tiempo es el único recurso que no se recupera. El dinero se pierde y se vuelve a ganar, las casas se venden y se compran, los trabajos van y vienen. Pero los años que pasas esperando, esos no vuelven jamás. Y hay algo profundamente triste en la idea de llegar al final de la vida mirando hacia atrás y darte cuenta de que apostaste todo tu tiempo a una promesa que nunca se materializó, mientras las puertas que alguna vez estuvieron abiertas se fueron cerrando una a una sin que las cruzaras.

No estoy diciendo que emigrar sea la respuesta correcta para todos, porque no lo es. Hay gente que se queda y construye una vida que ellos consideran digna, hay mil circunstancias distintas y todas son válidas. Lo que sí digo es que la decisión de quedarse debería ser una decisión consciente y activa, no simplemente el resultado de no atreverse, de postergar, de esperar a que algo cambie solo. Quedarse porque de verdad quieres quedarte es una cosa. Quedarse porque tienes miedo de irte y te consuelas pensando que esto va a mejorar es algo muy distinto.

Así que si estás en ese punto de la vida en que todavía puedes decidir, hazte esa pregunta con toda la honestidad de la que seas capaz. Proyéctate a ese futuro lejano, mírate viejito, y pregúntate qué versión de ti va a sentirse en paz con la decisión que estás tomando hoy. Porque al final, no se trata de irse ni de quedarse como fórmula universal. Se trata de no llegar al final del camino cargando el peso insoportable de un «¿y si me hubiera atrevido?». Ese arrepentimiento, el de las cosas que no hicimos por miedo, suele ser el más pesado de todos.

Recuerda, mi nombre es Enrique Vásquez y soy abogado de extranjería estudiado y colegiado en España, para información migratoria escríbenos a www.yoemigro.com/contactanos.

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