Los venezolanos nunca tuvimos necesidad de emigrar

Hay una idea muy repetida entre venezolanos que suena bonita pero que está muy alejada de la realidad y necesitamos desmontar de una vez por todas: la de que nosotros «nunca tuvimos necesidad de emigrar», que «lo teníamos todo», que éramos felices en el mejor país del mundo y que solo el chavismo nos obligó a salir de ese paraíso. Y aunque hay una parte de verdad en eso, hay otra parte mucho más incómoda que casi nadie quiere mirar de frente.

La verdad es que nos vendieron esa idea. Nos criaron creyendo que lo teníamos todo, que éramos felices, que Venezuela era el mejor país del mundo. Y muchos, porque me incluyo, lo repetíamos con orgullo sin haber salido jamás, sin tener con qué comparar, sin la menor idea de lo que era de verdad un país funcional. Era fácil creerse el cuento cuando nunca habías visto otra cosa. Uno no extraña lo que no conoce y  no cuestiona lo que cree que es lo mejor que hay.

Pero seamos honestos sobre quién nos vendió ese cuento. Esa idea del país maravilloso nació de aquellos que vivían con ciertos privilegios, básicamente una élite caraqueña o de algunas zonas de las grandes ciudades. Para esa minoría, Venezuela sí era, sin lugar a dudas, el mejor país del mundo, tenían dinero, viajaban a Miami a cada rato, se iban de vacaciones a Europa y en lugar de ir a La Guaira los fines de semana, se iban para Aruba o para Los Roques.

El problema es que la inmensa mayoría del país, los que vivíamos fuera de esas burbujas, fuera de las zonas privilegiadas de las grandes ciudades, los que estábamos en los pueblos, en las zonas rurales, en los barrios, teníamos unas carencias brutales que en la capital se notaban mucho menos. Servicios deficientes, infraestructura precaria, pobreza estructural, oportunidades inexistentes. Venezuela ya era un país profundamente subdesarrollado y con muchísima pobreza décadas antes de Chávez, solo que el maquillaje de las grandes ciudades y el discurso del «mejor país del mundo» lo disimulaban bastante bien.

Y aquí viene lo que me parece más revelador de todo. El chavismo destruyó Venezuela, eso es indiscutible y no hay nada que matizar ahí. Pero al empujarnos a emigrar, sin quererlo, nos hizo un favor que jamás habría estado en sus planes: nos abrió los ojos. Nos obligó a salir, a ver el mundo, a comparar. Y al comparar, muchísimos nos dimos cuenta de algo que nunca habríamos descubierto quedándonos: que Venezuela no era ni de lejos el mejor país del mundo, que se puede vivir muchísimo mejor en un montón de sitios, y que hay lugares donde prácticamente todo, absolutamente todo, funciona mejor de lo que jamás funcionó allá.

Lo sentí en carne propia. Ya en Panamá, que no es precisamente un país del primer mundo, me encontré que muchas cosas funcionaban mejor que en Venezuela, sin embargo, cuando llegué a España y empecé a vivir la normalidad de un país que funciona, entendí que Europa está a años luz de Venezuela en prácticamente todo. No en una cosa ni en dos, sino en casi todo lo que compone la vida cotidiana. Los servicios, la sanidad, la seguridad, las instituciones, el transporte, la previsibilidad, la tranquilidad de saber que las cosas simplemente funcionan. Y no lo digo con rencor hacia Venezuela, lo digo con la claridad de quien por fin pudo comparar y dejó de creerse un cuento que le contaron toda la vida.

Por eso creo que emigrar, más allá de todo el dolor que implicó, fue también una forma de despertar. Nos quitó la venda. Nos mostró que aquello que defendíamos con tanto fervor era en buena medida una ilusión construida sobre la ignorancia de no conocer nada mejor. Y aunque duela reconocerlo, ese despertar es una de las pocas cosas buenas que salió de todo este desastre. Descubrir la verdad siempre es mejor que vivir cómodo en una mentira, incluso cuando esa verdad nos obliga a aceptar que el paraíso que creíamos tener nunca existió como nos lo pintaron. Lo más triste, es que por ahí aún hay muchos que se comieron ese cuento y lo siguen repitiendo cual loritos, porque se niegan a tomarse la píldora roja.

Recuerda, mi nombre es Enrique Vásquez y soy abogado de extranjería estudiado y colegiado en España, para información migratoria escríbenos a www.yoemigro.com/contactanos.

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