Encerrados en Casa – Día 16: Historias desde el supermercado

Día 16 en casa. La pandemia sigue su avance aunque, al parecer, ya en ciertas comunidades de España llegó al pico y comenzó a bajar la transmisión (al menos en términos porcentuales), porque la tasa de nuevos contagios ya bajó de las dos cifras y está en el 9%. Por supuesto, en términos absolutos sigue siendo altísima porque no es lo mismo el 20% de 5.000 que el 9% de 60.000.

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Sin embargo, las muertes siguen aumentando. De ayer a hoy volvieron a romper un récord. Esta vez con 838 en las últimas 24 horas. Una locura. Al parecer ya el Palacio de Hielo se quedó pequeño y han tenido que habilitar una nueva morgue. Increíble, insólito.

Anoche cambió la hora y, en consecuencia, cuando llega el momento de los aplausos de las 20:00 aún es de día. Ahora nos tocará vestirnos porque ya no será posible asomarse al balcón en pijama como hasta ayer. Ahora sí nos veremos las caras.

Como muchos de ustedes saben, cada día estoy haciendo una transmisión en vivo de esta cuarentena a través de mi canal YouTube.com/EnriqueVasquez, y parece mentira pero mis números están como los de la pandemia, cada día pierdo 3 o 4 suscriptores y no entiendo por qué el sangrado no se detiene. Aunque la verdad es que pienso seguir adelante porque me parece que es una buena forma de ayudar a distraernos una hora dentro de este encarcelamiento sanitario al que estamos sometidos. Espero que esa curva se revierta pronto, así que te invito a suscribirte.

Hoy me tocó ir al supermercado y a la farmacia. Quise aprovechar que es domingo para hacer unas compras que no podía hacer por Amazon, así que hice algo que tenía como 10 días sin hacer… me puse el jean (los vaqueros)… e, increíblemente, me quedaron bien. Cerraban sin apretar mucho y no saben el alivio que siento al saber que mi gordura no ha aumentado tanto como creía.

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El hecho es que elegí cuidadosamente la ropa con la que iba a salir, porque si hay algo que María José y yo hacemos cuando toca ir a la calle, es dejar todo listo para al volver, meter la ropa directamente en la lavadora sin que nadie más la toque y correr al baño a tomar una ducha. Los zapatos se quedan en la puerta de la calle a la espera de que cualquier visitante que haya venido en las suelas se vaya degradando por sí sólo con el paso del tiempo.

Fue buena idea ir hoy domingo. Pasé por la farmacia 24 horas que está cerca de casa y estaba abierta, sin gente, me atendieron sin hacer cola, las chicas tras un cristal que antes no tenían, con guantes y tapaboca, todo muy aséptico, con una cuerda de seguridad para que no te puedas acercar mucho al mostrador… estamos en los tiempos del brazo estirado, todo te lo ponen lejos. Recuerdo que en Venezuela eso era para evitar los robos y atracos, aquí es para evitar al virus.

De allí caminé al supermercado. Fue una sensación algo extraña. Caminar es tan rico, tan sabroso… y no sabía la falta que me hacía, y más con poca gente en la calle donde no tenía que estar pendiente de que alguien se me acercara. Eso sí, muchísima policía, tanto nacional como municipal de Madrid, parando a mucha gente y preguntándoles qué hacen en la calle.

A mí, a pesar de que cada coche policial que pasaba se me quedaban viendo, por alguna razón creo que pensaron “este no está haciendo nada malo, la cara de miedo que tiene lo delata”.

En el supermercado tampoco había cola, sólo un señor delante de mí en la entrada. El vigilante nos dio a cada uno un par de guantes de esos plásticos de frutería, y adicional a estos, tenías que ponerte un poco de gel antibacterial encima de los guantes al momento de entrar. El protocolo está más estricto que la última vez que fui hace como 10 días.

También aparecieron unas mamparas en las cajas, que separan al cajero del cliente. Este virus nos ha convertido en gente de Europa del norte, aislados e individualizados… Está matando nuestra necesidad natural de conversación y contacto con los demás. Espero que no muera por completo y quede por allí la llama lista para revivir cuando todo esto pase, porque pasará.

En el supermercado, había casi de todo, pero las estanterías se veían un poco más vacías de lo normal. No había pan de barra normal, sólo “baguette”, y por los anaqueles donde normalmente ponen los panes de molde parecía que había pasado una plaga de langostas, lo mismo en los chocolates, como en los licores fuertes (whisky, ron, gin, etc.), así como en la parte de papel sanitario, pastas de dientes y leche. De resto había de todo, pero literalmente de todo.

Me paré en la carnicería y el chico me contó que faltan cosas porque hoy es domingo y no vinieron camiones a reponer, pero que todas las mañanas de lunes a sábado llenan todo y en las tardes ya faltan algunas; aunque también ha bajado el nivel de compras de la gente.

Mientras fileteaba la carne, me contó que ha discutido con algunas personas mayores porque no entiende por qué salen todos los días a comprar una sola cosa, que eso es un riesgo para la salud de ellos y de quienes les rodean, incluyendo los trabajadores de los supermercados. Se refirió, por ejemplo, a un señor que va hoy y compra una pechuga de pollo, mañana unos ajos, pasado mañana dos alas de pollo, el día siguiente una docena de huevos y así. Incomprensible.

En fin, el hecho es, que por motivos de abastecimiento no tenemos que preocuparnos. La verdad es que España sigue produciendo alimentos en cantidades impresionantes, así que cero estrés por eso. Vamos a poder seguir comprando comida y productos a precios accesibles.

Y como todos los días, hoy les recomendaré una serie de TV que pueden ver en alguna de las tres empresas de suscripción a las que tengo acceso, hoy le toca el turno a Netflix: Disenchantment (Desencanto en España), es una serie animada de la misma gente de Los Simpson. Es un poco extraña, tiene dos temporadas, es corta y divertida, perfecta para los días de cuarentena. No es nada excepcional, pero para matar el tiempo, va bien.

Y respecto a eso, cuídense mucho, tomen precauciones, porque incluso aunque a ustedes no les importe contagiarse, a muchas personas a su alrededor que no quieren caer enfermos, así que, si no lo hacen por ustedes, háganlo por ellos. Vale la pena.