Encerrados en casa, día 68: Estamos mal, pero vamos a peor

Van 68 días de esa locura, aunque cada día parece que las restricciones son menos. De hecho, cuando sales a la calle, a veces pareciera que ya no estuviéramos en estado de alarma; con la excepción de ver a todo el mundo con mascarillas, muchos negocios cerrados y a la Policía pidiéndole documentación a los muchachos jóvenes.

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Me llama mucho la atención este último punto. Todas las veces que he salido, cuando veo a la Policía, sea nacional o municipal, pidiendo documentación a alguien; creo que en el 100% de las ocasiones a sido a hombres jóvenes.

Me ocurrió varias veces que iba caminando solo, sin bolsas en la mano (rumbo al supermercado), y de repente veía a policías caminar hacia mí. En las primeras de cambio pensaba que me pedirían documentación, pero no. Pasaban de largo y se dirigían hacia otro chico bastante mas joven (de 20 a 25 años, quizás) que en ese momento, casualmente, estuviera cerca.

No sé por qué ocurre esta “preferencia” hacia ellos, o si ciertamente existe más allá de lo que yo he visto en la calle; pero algo sabrán los policías que yo no sé.

También hay que tener en cuenta algo importante. Yo no tengo pinta ni de deportista ni de ladrón, ni mucho menos de estar en la calle por gusto. Estoy seguro de que la cara de terror que tengo al andar por la calle se nota por encima de la mascarilla, así que dudo que los policías piensen que yo estoy paseando por gusto o por “hacer deportes” (esta barriga cervecera me delata).

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Respecto a lo demás, hoy volvió a subir el número de muertos en España por coronavirus. Sin embargo, aún se mantiene por debajo de los 100 diarios, lo que es una mejora gigantesca son respecto a los 700 que llegó a haber en algún momento. Así mismo, me parece que las medidas de seguridad que se están tomando como que realmente son efectivas para controlar los contagios.

De hecho, en estos días leí a alguien diciendo que el Covid-19 es el VIH del siglo XXI y medio mundo le cayó encima, porque no es lo mismo, ni se contagia igual, y que en los 80s si estornudabas a alguien encima no lo contagiabas y bla bla bla bla. Todo cierto pero, al final, si extrapolamos es más o menos lo mismo: un virus desconocido, que causa la muerte en miles de personas y sufrimiento en muchas otras.

Si bien es cierto que la forma de contagio es muy diferente (digamos que requiere más intimidad en el caso del VIH que con el Covid-19) igual se trata de una pandemia que en el caso de aquella, en 40 años desde su aparición, tiene más de 30 millones de muertos en su haber, y la nueva apenas está comenzando con más de 300.000 fallecidos en pocos meses.

Podemos decir, sin que suene a burla, ni mucho menos, sino con toda la seriedad del mundo, que si bien el VIH nos quitó el placer de “hacer el amor” con quien quisiéramos, cuando quisiéramos y sin nada que separara el contacto de las pieles; el Covid-19 nos está quitando otro gran placer: el de abrazar a un amigo, el de dar la mano o dos besos al saludar y, de paso, nos ha creado el miedo a estar cerca de otros, y hasta pánico al escuchar cuando alguien tose o estornuda a nuestro alrededor.

Así, la mascarilla es el condón del siglo XXI y sólo los insensatos se arriesgan a no usarla. De hecho, a partir de mañana será obligatorio su uso en España.

Hoy el Congreso de los Diputados ha continuado en su afán de parecerse cada día más a un gallinero o a una Asamblea Nacional Bolivariana de cualquier republiqueta bananera. Las subidas de tono y los ataques, e incluso arranques de la gente de la izquierda, cada día me hacen pensar que cuando nos demos cuenta se estarán tirando las sillas unos a otros o cayéndose a hostias como en esos parlamentos que pierden todas las formas y todo el decoro. Qué vergüenza la izquierda de este país, tan seria que era en los tiempos de Felipe González y tan bolivariana que es en los tiempos de Pedro Sánchez.

Hoy, en mi programa en directo por YouTube.com/EnriqueEnVivo hablaré más de esto. Igual, al final del post pueden ver el vídeo y suscribirse.

Por otro lado, el Gobierno sigue empeñado en buscar defenestrar a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y mantiene todos sus ataques enfocados en ella. Creo que tiene que ver con que el PP está disparado en las encuestas, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento, pero como ya sabemos que el feminismo de la izquierda es pura retórica, pues, ellos deciden atacar a mansalva a una mujer, ni locos se atreven a hacerlo contra Almeida.

Más allá de eso, Ayuso decidió llevar al Gobierno ante el Tribunal Supremo por no permitir que Madrid pase a la fase 1 del desconfinamiento. Obviamente todos sabemos que ese tipo de procesos judiciales tarda más de lo que quisiéramos, pero igual, siguen su curso, aunque los hechos hayan quedado en el pasado y suelen sentar jurisprudencia para evitar abusos en el futuro por parte de los Gobiernos.

Mientras tanto, esta legislatura parece que está herida de muerte, al menos en este momento, porque recordemos que en política no hay absolutos y que los políticos tienen la maravillosa capacidad, imposible para la gente normal, de ocultar sus resentimientos y resquemores y abrazarse con aquel al que el día anterior odiaba.

Pero en este momento, la cercanía del PSOE con Ciudadanos hace que los socios catalanes del señor Sánchez no se encuentren muy a gusto. Por cierto, el partido de la señora Arrimadas volvió a apoyar hoy el decreto de estado de alarma, que será por 15 días y no por 35 como quería originalmente Sánchez.

Por otro lado, haciendo un poco de retrospectiva en el guion socialista de control total de un país, recuerdo que las primeras protestas fuertes contra el gobierno de Chávez fueron por el decreto 1011 en el año 2000, por unos cambios muy radicales en el sistema educativo venezolano, nunca olvidaré el eslogan: “con mis hijos no te metas”.

Y pues, aquí, el Gobierno de Sánchez, nos metió de contrabando durante el estado de alarma algo parecido, la llamada “Ley Celaá”, que introduce cambios importantes en el sistema educativo español, que según quienes la han leído, porque no lo he hecho, coarta la libertad de elección de los padres a la hora de elegir el colegio para sus hijos. Como siempre la izquierda buscando adoctrinar, en nombre de la “igualdad”.

Así pues, al parecer la ley es muy dura con los centros concertados, con la educación católica y hasta con los centros de educación especial. Eso, sumado al “aprobado general” impulsado por la ministra, pues, creo que esta gente quiere sumir a España en la ignorancia absoluta, como ya hizo el chavismo en Venezuela, creando una generación de niños y jóvenes con graves deficiencias educativas y altamente adoctrinados que tienen pocas posibilidades de ayudar al desarrollo del país.

Según recoge ABC, los padres de la concertada advierten de que la “ley Celaá” propone un sistema de enseñanza “contrario a la libertad de educación, de elección y libertad religiosa y moral de las familias; a pesar de estar recogido en el artículo 18.4 Asamblea General de Naciones Unidas”.

De hecho, ya se están organizando protestas en ese sentido, y luego hay quienes dicen que el social-comunismo europeo no se parece al social-comunismo venezolano. Abran los ojos, es el mismo guion y objetivo: El control total y absoluto, al mejor estilo de la URSS, de Alemania Oriental, Corea del Norte, Irán, Cuba, el Chile de Allende o la Venezuela Bolivariana.

Y para finalizar, dice el diario El Mundo, que el Gobierno pacta con Bildu la derogación “íntegra” de la reforma laboral a cambio de su abstención en el estado de alarma, o sea, que el precio a pagar por Sánchez para obtener esta prórroga del estado de alarma es derogar la ley que permitió a España salir de la crisis y dar empleo a millones de personas. Vaya vaya ¿qué irá a ofrecer en junio para la próxima prórroga? Recuerden estas palabras que diré a continuación, derogar la reforma laboral de Rajoy para volver a la ley que había antes, significaría que el terrible desempleo que ya habrá por culpa del coronavirus y de las ilógicas políticas de izquierda, se multiplicará por 1000, porque esa ley era altamente letal para los empresarios, especialmente para los más pequeños, la mayoría de los que tiene España. Así que, a prepararnos, porque si eso se da, malos tiempos vienen para este país.