Separarse de la familia al emigrar es duro, pero quedarse, es más duro aún

Emigrar y no estar cerca de la familia es un proceso muy difícil. En mi caso personal, la experiencia de haber estado anteriormente lejos de ellos me ayuda, quizás, a verlo como algo “más normal”. Sin embargo, para la mayoría de los venezolanos, irse y dejar atrás a sus seres queridos, es desgarrador.

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Durante estos años como asesor migratorio he conocido cientos de casos de todo tipo: hijos que dejan a sus padres, padres que dejan a los hijos, personas que se van sin el amor de su vida, mascotas que quedan atrás, hermanos adultos que se separan, hijos recién nacidos e incluso algunos por nacer. Lo cierto es que las familias se rompen, los corazones se desgarran y el dolor aparece… Es un dolor con el que debes aprender a convivir y que día tras día debes enfrentar, reafirmándote que es por una razón más importante, por motivo superior.

El dolor merma cuando comprendes y aceptas que te dolería más si te quedas. Si sigues en Venezuela podrías estar a su lado, pero tal vez no tendrías la capacidad de mantenerlos, ayudarlos, protegerlos o cuidarlos; porque lamentablemente ciertos indeseables destruyeron las oportunidades de una vida normal en el país donde naciste y creciste. Ahora mismo, ese sitio que tanto amas se convirtió en una pesadilla y tuviste que salir huyendo, por tu bien y el de quienes no pudieron irse contigo.

Si emigras sabiendo que, además de forjarte un futuro mejor, también lo haces con el propósito de ayudar a tu familia que quedó en Venezuela, y te mantienes centrado en tus objetivos; podrás afrontar el dolor de la separación con más fortaleza.

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Bien sea porque se trate de una separación temporal o porque en un momento de urgencia o necesidad importante, tendrás cómo prestarles auxilio; cuando el momento de ayudarlos llegue (porque va a llegar), comprobarás que habrá valido la pena y el dolor se transformará en satisfacción por lo que has logrado.

Enrique Vásquez