En Venezuela puedes tener planta eléctrica, inversores, tanque de agua y Starlink. Puedes construirte una burbuja casi perfecta donde el país roto que tienes afuera no te toque. Puedes vivir dentro de esa burbuja como si todo funcionara. Hasta que un día te caes y te fracturas la cadera, o te diagnostican cáncer, o cualquier otro problema de salud. Y ahí, en un segundo, la burbuja estalla.

Cuando una emergencia rompe la burbuja
Escribo esto porque leí un post de alguien que lo resume con una crudeza que no admite discusión. Su madre se cayó, fractura de cadera y de hombro, y entre una clínica privada con seguro gastaron 16.000 dólares, aunque al menos salió de alta en tres días. Mientras tanto, el papá de una amiga de ella se cayó dos semanas después, también fractura de cadera, pero fue a un hospital público, al Pérez Carreño en Caracas, gastó 15.000 dólares igual y estuvo tres semanas en cola esperando por la cirugía. Léelo de nuevo, porque cada cifra duele. Quince, dieciséis mil dólares. En un país donde el salario mínimo no alcanza para comer. Por una caída. Por algo que le puede pasar a cualquiera, cualquier día.
Y esto es lo que yo siempre digo y lo que muchos no quieren escuchar: vivir en Venezuela es posible dentro de la burbuja de la planta eléctrica y los inversores, del tanque de agua y del Starlink. Es posible mientras puedas pagar para fabricarte tu propio pedacito de primer mundo en medio del colapso. Pero toda esa ilusión, toda esa sensación de que "aquí se puede vivir bien", se derrumba el día exacto en que necesitas un servicio médico de verdad. Porque la salud no se resuelve con un inversor ni con una antena. La salud se resuelve con un sistema, y Venezuela no lo tiene.
El coste de esperar en un hospital público
Fíjate en el detalle más brutal de ese testimonio, el que lo dice todo. No es solo que la clínica privada cueste una fortuna. Es que el hospital público cuesta prácticamente lo mismo. Quince mil dólares en el Pérez Carreño, un hospital del Estado, que debería ser gratuito, que debería ser el último refugio del que no tiene nada. Y encima con tres semanas de cola para operarse, tres semanas con una cadera rota esperando un quirófano. En Venezuela hasta lo que es "gratis" te cuesta una fortuna y te hace sufrir la espera. No hay escapatoria por ningún lado. Ni pagando ni sin pagar.
Esa es la trampa de la burbuja, y conviene entenderla bien antes de romantizar nada. Mucha gente mira fotos de Caracas o Lechería con buenos restaurantes, urbanizaciones iluminadas, gente de compras, y concluye que Venezuela "ya se arregló". Pero esa postal es precisamente la burbuja, el escaparate que funciona mientras todo vaya bien. El problema de un país, una sociedad no se mide en sus días buenos, se mide en sus emergencias. Y la verdadera prueba de si un país funciona no es cómo se vive cuando no pasa nada, sino qué te pasa a ti y a tu familia el día que algo sale mal. El día del accidente. El día del diagnóstico. El día de la operación de urgencia. Ahí es donde se cae la máscara.
La verdadera prueba de un país
Porque una planta eléctrica te da luz, pero no te opera. Un inversor te mantiene la nevera, pero no te cura un cáncer. Starlink te da internet, pero no te consigue una cama en terapia intensiva. La burbuja cubre lo cotidiano, lo previsible, lo que se puede comprar en una ferretería. Lo que no cubre es lo verdaderamente importante: la tranquilidad de saber que, si mañana tú o alguien que amas enferma de gravedad, habrá un sistema que responda sin arruinarte ni hacerte esperar con el hueso partido.
Y esa tranquilidad, esa que no se ve en ninguna foto de Instagram pero que lo es todo, es precisamente la que se tiene en los países que funcionan y la que no se puede fabricar con ningún aparato en Venezuela. Por eso, cuando alguien me dice que en Venezuela se puede vivir bien, yo pregunto siempre lo mismo: ¿y el día que te enfermes de verdad? Porque vivir bien no es vivir bien mientras todo marche. Vivir bien es poder caerte, enfermarte, tener una emergencia, y saber que no lo vas a perder todo por ello. Eso, hoy, en Venezuela, sigue sin existir. Y ninguna burbuja, por cara y por completa que sea, lo puede reemplazar.
Recuerda, mi nombre es Enrique Vásquez y soy abogado de extranjería estudiado y colegiado en España, para información migratoria escríbenos a www.yoemigro.com/contactanos.
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