Quiero hablarles con honestidad a los venezolanos que hoy están en Estados Unidos esperando respuesta a su solicitud de asilo. Me atrevo a decir que están a punto de estrellarse contra una realidad que ya cambió, y no verla venir es mucho más cruel que asumirla a tiempo. Porque la realidad, hoy, es demoledora para esas solicitudes.

El escenario que cambió
Esos asilos se construyeron sobre una sola idea: que Venezuela es un país al que no se puede volver por persecución política. Y esa idea se está cayendo a pedazos. El 3 de enero Estados Unidos capturó a Maduro y se lo llevó a Nueva York. Maduro ya no manda. Hoy gobierna Delcy, acercándose a Washington como nunca y vendiéndose ante el mundo como una transición. En pocas palabras: el escenario que sostenía a la gran mayoría de esas solicitudes de asilo ya no existe.
El regreso de dirigentes exiliados
Y hay algo aún más contundente para que cualquier juez de inmigración estadounidense deniegue tu solicitud: los exiliados más prominentes están volviendo. Decenas de dirigentes perseguidos, encarcelados o forzados al exilio caminan hoy por Venezuela sin que les pase nada. Omar González, del círculo de María Corina Machado, regresó tras más de un año fuera. Juan Pablo Guanipa, que estuvo detenido, fue liberado por la amnistía y encabeza actos públicos. Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea de 2015, volvió y se reunió con quienes están en el poder. Yon Goicoechea regresó tras siete años de exilio. Y el caso más elocuente: Claudia Macero, jefa de comunicaciones de Machado, que pasó más de un año asilada en la Embajada de Argentina y salió en una operación de extracción de Estados Unidos, regresó el 27 de septiembre por Maiquetía sin que hubiera, en sus palabras, «trabas ni preguntas» e incluso dio una entrevista, muy dura con el régimen, en nada más y nada menos que Venevisión.
Esto último es demoledor para quien alega persecución y miedo para pedir asilo. Hablamos de una perseguida política del más alto nivel, que huyó de forma clandestina y se refugió en una embajada. Y hoy está de vuelta, libre, dando ruedas de prensa. Si alguien con ese expediente puede volver, ¿cómo va a sostener un ciudadano común, con un perfil infinitamente más bajo, que él sí enfrenta persecución mortal si regresa? El contraste se responde solo.
Las señales institucionales
A eso se suma la señal institucional: amnistía, cientos de presos políticos liberados y la reforma de la Ley contra el Odio, con un discurso oficial de reencuentro y tolerancia. El mensaje a los tribunales estadounidenses es inequívoco: en Venezuela ya no se persigue, ya se puede volver. Y esa es exactamente la narrativa que un juez podría usar para denegar tu asilo.
A efectos migratorios, Venezuela está siendo tratada cada vez más como un país seguro. Seguir apostándolo todo a un asilo que cada vez tiene más probabilidades de ser rechazado no es valentía. Es darse de bruces contra una pared que no va a ceder, gastando tiempo, dinero y salud mental en una batalla que las condiciones ya no aseguran su victoria.
Reorganizar la estrategia
Mi consejo, con todo el respeto y la empatía por lo dura que es esta situación, es que asuman esta nueva realidad cuanto antes. No es rendirse: es reorganizar la estrategia con cabeza. Buscar asesoría seria sobre qué otras vías siguen abiertas, evaluar un regreso planificado o un traslado a otro país, y tomar tú las decisiones antes de que las tome por ti un juez o una orden de deportación. El escenario cambió por completo. Pivotar a tiempo siempre será más inteligente, y más digno, que hundirse aferrado a algo que dejó de existir.
Recuerda, mi nombre es Enrique Vásquez y soy abogado de extranjería estudiado y colegiado en España, para información migratoria escríbenos a www.yoemigro.com/contactanos.
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